Parto por contar mi experiencia personal con Dios.
Dios permite muchas cosas, hasta equivocarte, porque él sabe que volverás a él pidiendo ayuda y él irá a buscarte.
Te acuerdas Dios, yo no podré olvidar ese momento, sentía que todo iba tan mal, estaba tan abrumada, desconsolada, que me arrodille ante ti, y clame por tu ayuda, sentía que el alma se me salía de la conmoción del llano y de la rabia, ahí fue cuando note la presencia de alguien, mire hacia adelante y mis ojos trataban de aclararse, pero sentí algo peor, algo que no era bueno, en ese momento fijo la mirada y frente a mí estaba el mismo diablo, a pasos de mí, su presencia aterradora y su esencia llenaban de maldad el aire, como diciéndome sin hablar que no me dejaría, me asusté tanto que retrocedía aun tendida en el suelo, sin embargo, alguien también tomó posesión ahí, detrás mío me levantó del suelo, yo solo pensaba que estaba siendo poseída por el diablo, asustada miraba y veía como seguía levantándome del suelo, pero sentí algo distinto, un calor, un amor infinito, en ese momento no sabía lo que era, pero era como estar en el cielo, una paz infinita, pero noté algo inusual, me movía y no sentí que yo lo hiciera, vi mi brazo mover y me decía no soy yo quien lo mueve, ahí comprendí que era algo más divino, celestial y puro, era Dios tomándome, al dirigir la mirada hacia el frente, me di cuenta que me acercaba al diablo, mi alma se sentía aterrada, esa figura diabólica estaba frente a mí, pero mientras más nos acercábamos a esa figura esta empezó a cambiar, que al estar frente a frente, la figura tomo el rostro de una persona, pero lo extraño es que, yo soy chiquita, y la mayoría de las personas son más altas, y debo mirar hacia arriba, pero aquí, en esta escena era al revés, miraba hacia abajo, mi brazo siguió moviéndose, hasta tomarle el cuello, no con el fin de eliminarlo, si no para llevarlo a la pared, y arrimarlo ahí, lo más extraño viene aquí, porque mi boca se abrió para hablar, e insisto, no lo hacía yo, y salió una voz muy distinta a la mía, miré a esa “persona”, con una expresión en su rostro extraño, perplejo, no entendía como alguien como yo pudiera hacer esto, hasta que Dios habla por medio mío, “tú que fuiste capaz de traicionarme, yo que te lo di todo, fuiste capaz de traicionarme”, el rostro de perplejo pasó a reconocimiento y algo de susto y dice “yo te conozco…” me sentí asustada, cuando siento que me sueltan, y me veo tendida en el suelo de espaldas con el torso semi levantado, con mi vista en dirección a ese muro en donde ya no veía a nadie y no sentí presencia en el lugar, y lo vivido me quedó como si hubiera sido un sueño.
Era una oveja perdida, pero volví a ti. Ahora me dejo llevar por lo que me haces pasar. Dios ilumina mi sendero.